Despacho 24-48h en CDMX
Planes y panoramas

100 cosas para hacer con tu pareja, ordenadas por esfuerzo

Las listas de cosas para hacer en pareja fallan porque mezclan un café en la esquina con un viaje de tres días. Ordenadas por cuánto cuestan de organizar, se vuelven utilizables: hay planes para un martes cansado y planes para un puente.

Equipo Editorial 100 Aventuras5 de agosto de 202618 min de lectura
Pareja caminando de la mano por una calle empedrada al atardecer, con las luces de los locales empezando a encenderse

Las listas de cosas para hacer en pareja fallan porque mezclan un café en la esquina con un viaje de tres días. Ordenadas por cuánto cuestan de organizar, se vuelven utilizables: hay planes para un martes cansado y planes para un puente.

El problema de las listas de cien planes es que son ilegibles. Nadie a las nueve de la noche de un miércoles recorre cien viñetas para decidir qué hacer. Por eso esta va agrupada por lo único que importa en el momento de decidir: cuánto cuesta organizarlo.

Usa la sección que corresponda a la energía que tienen hoy, no la que corresponda a la pareja que les gustaría ser.

¿Qué se puede hacer en pareja en menos de una hora y sin salir de casa?

Para los días en que salir no va a pasar. Son los que sostienen la relación entre plan y plan.

  1. Cocinar algo que ninguno de los dos sabe hacer, leyendo la receta en voz alta.
  2. Poner cinco canciones cada uno y contar por qué eligieron cada una.
  3. Ver fotos del celular de hace tres años.
  4. Escribir cada uno tres cosas que agradece de la semana y leerlas.
  5. Hacer una lista de lugares de la colonia donde nunca han entrado.
  6. Cenar sin tele y sin celulares en la mesa.
  7. Enseñarle al otro algo que sabes hacer y él no.
  8. Armar juntos la playlist del próximo viaje.
  9. Bailar una canción completa en la cocina.
  10. Contar cómo estuvo el día del otro antes de que lo cuente, y ver cuánto le atinaste.
  11. Leer en voz alta un capítulo de un libro.
  12. Planear un viaje que probablemente no van a hacer.
  13. Responder preguntas por turnos, tres cada uno.
  14. Ordenar juntos un cajón que llevaba meses.
  15. Ver el techo veinte minutos sin hacer nada más.
  16. Escribirle una nota y dejarla donde la encuentre mañana.
  17. Ver un capítulo de la serie que él o ella veía de niño.
  18. Preparar de noche el desayuno del día siguiente, juntos.
  19. Hacer la lista de las diez mejores cosas que les han pasado juntos.
  20. Tomar café en la tarde como si fuera un plan y no un trámite.

¿Qué hacer en pareja en casa cuando tienen el día entero?

Los veinte del primer bloque están medidos para una hora. Un domingo completo en casa es un problema distinto y es el que menos resuelto está: con seis o siete horas por delante y sin nada decidido, la tarde se va con la tele encendida y dos celulares, y a las ocho de la noche los dos tienen la sensación de haber descansado mal.

Lo que separa un buen día en casa de un domingo perdido no es la cantidad de planes: es que haya uno que ocupe el bloque entero. Cuatro actividades de una hora encadenadas no llenan el día, lo parten. Una sola cosa larga —algo que se cocine despacio, algo que se arme, algo que se termine— sí.

Ocho días completos en casa, cada uno pensado para durar:

  1. La comida de tres horas. Un mole, un caldo o unos tamales: el mercado, la olla y la sobremesa son el plan, no el trámite antes del plan. Es el único de la lista que además alimenta a quien caiga.
  2. El archivo. Bajar las fotos de un año entero, elegir veinte, mandarlas a imprimir y pegarlas en algo. Empieza como pendiente y termina como conversación.
  3. La azotea. Subir con una cobija, algo de tomar y nada más. En una ciudad donde el departamento siempre se siente chico, el techo es el único cuarto que sobra.
  4. El clóset con historia. Vaciar uno de los dos y contar de dónde salió cada prenda. Se acaba con dos bolsas para regalar y con media vida del otro contada.
  5. La tarde de aprender algo inútil. Un video largo y hacerlo mal los dos: pan, un nudo, un truco de cartas, un paso de baile. Lo que ocupa la tarde es el intento, no el resultado.
  6. El pendiente de la casa. Colgar lo que lleva meses recargado en la pared, pintar un mueble, cambiar la regadera. Es la única categoría que deja algo a la vista al día siguiente.
  7. El plan del año. Una hoja, los puentes del calendario al lado y fechas de verdad: qué días se van a usar, para qué y quién pide el permiso en el trabajo.
  8. La tarde de preguntas. Un mazo —las Cartas de Parejas | Conexiones Profundas o una lista hecha por ustedes—, los celulares en otro cuarto y tres o cuatro preguntas con sus repreguntas. Dura mucho más de lo que parece.

Dos reglas deciden cómo sale el día, y las dos son sobre lo que se apaga y no sobre lo que se hace. La primera es la tele: encendida "de fondo" convierte cualquiera de los ocho en un plan a medias, y apagarla a mitad del día ya no funciona porque nadie quiere ser el que la apaga. La segunda es no anunciar el día como plan de pareja; "pasemos el domingo juntos" pone encima una expectativa que nadie cumple, y "voy a hacer caldo, me ayudas" termina en lo mismo sin ese peso.

Y una advertencia que aquí aplica más que en otros lados: el domingo en casa compite con la comida familiar, y perder esa pelea todas las semanas es lo que deja a la pareja sin un solo bloque propio en el mes. No hace falta dejar de ir. Basta con apartar un domingo de cada cuatro antes de que alguien más lo ocupe.

¿Qué planes de una tarde en la ciudad se deciden el mismo día?

Requieren salir pero no reservar. Casi todos se deciden el mismo día.

  1. Ir a la colonia donde vivía uno de los dos antes de conocerse.
  2. Recorrer un tianguis y comprar sólo cosas que ninguno haya probado.
  3. Subir a un mirador al atardecer.
  4. Ir al cine a la película de la que menos saben.
  5. Visitar un museo entre semana, cuando está vacío.
  6. Tomar el metro hasta la última estación y regresar caminando un tramo.
  7. Elegir una cafetería nueva cada semana durante un mes.
  8. Ir a una librería y elegirse un libro el uno al otro.
  9. Caminar por un barrio que ninguno conoce, sin mapa.
  10. Ir al mercado y cocinar después con lo que encontraron.
  11. Andar en bici por un parque un domingo temprano.
  12. Ir a un partido de un deporte que ninguno sigue.
  13. Comer en la fonda más antigua del rumbo.
  14. Retratarse el uno al otro durante una tarde completa.
  15. Ir a una función de teatro sin leer de qué se trata.
  16. Buscar el mejor helado o nieve de la zona, con método.
  17. Ir a un parque a leer, cada quien lo suyo.
  18. Visitar un panteón histórico o un centro con historia.
  19. Hacer el súper juntos y volverlo entretenido.
  20. Recorrer una avenida completa de punta a punta.

¿Qué planes valen la pena para un fin de semana o un puente?

Requieren coordinar y a veces reservar. Uno o dos al mes es un ritmo sostenible.

  1. Escaparse un día a un pueblo cercano, sin quedarse a dormir.
  2. Ir a un pueblo a menos de dos horas y volver el mismo día.
  3. Caminar un tramo de un sendero de montaña.
  4. Dormir una noche fuera de la ciudad, aunque sea cerca.
  5. Ir a una feria patronal o a una fiesta de pueblo.
  6. Tomar juntos un taller corto de algo.
  7. Ir a una zona de producción local a probar lo de la región.
  8. Visitar a alguien que ninguno de los dos ha visto en años.
  9. Acampar, aunque sea una sola noche.
  10. Manejar una carretera sin destino definido.
  11. Ir a unas aguas termales en temporada fría.
  12. Pasar un día completo sin celular, fuera de la ciudad.
  13. Ver el amanecer desde algún punto alto.
  14. Hacer un día de campo largo, con siesta incluida.
  15. Ir a un festival de música pequeño.
  16. Volver al lugar de la primera cita.
  17. Recorrer un tramo de costa caminando.
  18. Ver estrellas lejos de la luz de la ciudad.
  19. Visitar el pueblo de origen de la familia de uno de los dos.
  20. Hacer un viaje de un día en autobús, sólo por el trayecto.

¿Qué planes funcionan mejor en cada temporada del año?

La mitad de los buenos planes dependen de la época del año.

Secas y calor (61-70). Alberca entre semana. Paleta caminando por la sombra. Cine al aire libre. Salir temprano antes de que pegue el sol. Comer afuera hasta que oscurezca. Andar en bici de noche. Balneario cercano. Caminata al amanecer. Sandía en el parque. Ver el atardecer desde una azotea.

Lluvias (71-80). Ver la tormenta desde la ventana. Museo un día de aguacero. Sopa hecha en casa un domingo. Cafetería con ventana grande. Leer juntos una tarde entera. Cocinar algo que tome tres horas. Maratón de películas con cobija. Ordenar el clóset contando la historia de cada prenda. Pan dulce y café a media tarde. Escribir una carta a mano.

Otoño y Día de Muertos (81-90). Poner juntos la ofrenda y contar quién es cada quien. Visitar el panteón del pueblo familiar. Ir a un mercado a comprar flor de cempasúchil. Preguntarle a los abuelos por los que ya no están. Cocinar el platillo de alguien de la familia. Caminar de noche cuando refresca. Ir a un pueblo a menos de dos horas. Ver una exposición de temporada. Preparar pan de muerto en casa. Escribir la historia de un familiar para no perderla.

Fin de año y posadas (91-100). Recorrer luces de temporada. Escaparse un día antes de que empiecen las reuniones. Hacer ponche en casa. Ir a una posada de otros y quedarse poco. Comprar juntos el regalo del intercambio. Planear el año siguiente en una hoja. Hacer la lista de lo mejor del año que termina. Salir a caminar el 1 de enero. Ver el amanecer del primer día del año. Volver a un plan del año pasado y compararlo.

¿Qué planes caben en una noche de entre semana, fuera de casa?

Los cien de arriba están ordenados por cuánto cuestan de organizar, pero hay una franja que ese orden deja escondida y es la que más falta hace: las ocho de la noche de un martes, los dos acaban de salir del trabajo y ninguno quiere quedarse en casa otra vez. El problema no son las ideas, es el traslado. En una ciudad grande, cualquier plan que quede a cuarenta minutos se come la noche antes de empezar.

La regla que vuelve viable esa franja es una sola: el plan tiene que estar a menos de veinte minutos de donde ya están, no de su casa. Eso descarta casi todo lo que aparece en las listas de "qué hacer en la ciudad" y deja lo que de verdad ocurre entre semana:

  • Cenar en una fonda o una taquería del rumbo de uno de los dos, en vez de buscar el punto medio.
  • Caminar una colonia distinta sin destino, una hora, y regresarse.
  • Salir sólo por el postre: un café y algo dulce después de cenar en casa, para cambiar de pared.
  • Sentarse en una plaza con algo de la calle y no hacer nada más.
  • Ver una función de las nueve entre semana, que es cuando las salas están vacías.
  • Pasar a una librería o a un puesto de libros que cierre tarde.
  • Acompañar al otro a un pendiente aburrido y convertirlo en el plan.
  • Subir a una azotea o a un mirador cercano a ver la ciudad encendida.
  • Recoger a la persona en su trabajo sin avisar y decidir sobre la marcha.

Dos cosas hacen que esta franja funcione o se caiga. La primera es acordar la hora de regreso antes de salir: sin eso, uno de los dos se pasa la noche calculando a qué hora hay que irse, y esa cuenta mental arruina el plan más que el tráfico. La segunda es no guardarla para ocasiones: una noche de martes bien usada rinde más al año que el fin de semana perfecto que se planea tres veces y ocurre una.

¿Cuántos de los cien planes se alcanzan a hacer en un año?

Muchos menos de cien, y saberlo de antemano es lo que evita abandonar la lista en marzo.

Haz la cuenta con el calendario a la vista. Un año tiene cincuenta y dos semanas. Si sostienen un plan corto por semana y uno grande al mes, la aritmética da cincuenta y dos cortos y doce largos, y una pareja que logra eso hace bastante más de lo que hace casi cualquiera. Pero la semana real trae quincena apretada, guardias, exámenes, la boda de alguien y meses en que uno de los dos está fuera, y cada una de esas semanas sale de la cuenta. Lo honesto es esperar una parte de la lista, no la lista.

La conclusión no es que la lista sobre. Es que la lista no es una meta. Cien planes no están para completarse: están para que ninguna noche libre empiece con "¿y qué hacemos?", que es la pregunta donde se cae todo.

Tres consecuencias prácticas:

  1. No empiecen por el número uno. Una lista que se recorre en orden se abandona exactamente en el primer plan que no les gusta a los dos. Elijan siempre por lo que tienen hoy: energía, dinero y horas.
  2. Repetir no es hacer trampa. Si un plan salió bien, vuelve a hacerse. Un año con veinte planes distintos y diez repetidos deja mejor recuerdo que uno con cuarenta hechos a la fuerza y ninguno disfrutado dos veces.
  3. Tachen con fecha. Sin fecha, la lista es un inventario de pendientes y produce culpa. Con fecha, es un registro de lo que sí hicieron y produce lo contrario.

Un mes conviene tratarlo aparte, y es diciembre. Entre posadas, intercambios y compromisos familiares, la pareja pierde casi todas sus noches propias sin haber decidido perderlas. Lo que funciona ahí no es meter más planes: es apartar uno solo, temprano en el mes, antes de que el calendario se llene con los planes de los demás.

¿Cómo se elige un plan cuando uno de los dos siempre dice "lo que tú quieras"?

Esa respuesta casi nunca significa indiferencia. Significa que decidir cuesta, y que quien la da prefiere ceder antes que arriesgarse a proponer algo que al otro no le guste. Insistir con "pero tú qué quieres" empeora el problema: agrega presión a la misma decisión que ya estaba pesando.

Tres formas de sacarle el peso, en orden de qué tan bien funcionan:

  1. Propón dos, no abras el menú. "¿Mercado y cocinamos, o caminata y cena fuera?" se responde en tres segundos. "¿Qué hacemos?" abre cien opciones y termina en la casa, otra vez.
  2. Que decida el que menos ganas tiene. Suena al revés y no lo es: el que está cansado elige el plan que sí va a disfrutar, y el otro se ahorra proponer algo que iba a salir mal.
  3. Sorteen. Numerar los planes de una sección y sacar uno al azar quita la conversación entera. Nadie tiene que defender su elección porque nadie eligió.

Hay una cuarta que sólo aplica en la ciudad: decidan antes de la quincena, no después. Los planes que cuestan algo se posponen cuando el dinero está corto, y el que se pospone dos veces ya no se hace. Los de menos de una hora existen justamente para esas semanas.

Si lo que les falta no es el plan sino el arranque de la conversación, un mazo de cartas cumple la misma función que el sorteo y además pone tema: cuál conviene según el momento está en juegos de cartas para parejas.

¿Qué es un libro de cien cosas por hacer juntos y qué trae adentro?

Un libro de cien cosas por hacer juntos es un formato impreso con cien planes de pareja ya redactados, uno por espacio, más un lugar para dejar constancia de cuáles ya hicieron. No es un libro de lectura: es una lista administrada por el objeto en vez de por una de las dos personas, y esa es toda su función.

Circulan cuatro formatos y se comportan distinto en la práctica:

FormatoCómo se usaPara quién funciona mejor
Capa para rasparCada plan está oculto bajo una capa; se raspa y hay que hacer el que salgaParejas que se traban en elegir; el azar hace la decisión
Sobres selladosCada plan viene cerrado y se abre uno a la vezLos que quieren sorpresa pero prefieren guardar el plan para el día correcto
Lista con casillasLos cien planes están a la vista y se van marcandoLos que quieren elegir según la energía del día, no al azar
Álbum con espacio para fotoCada plan cumplido deja una foto y una fecha pegadasLos que quieren que quede registro y no sólo un pendiente menos

Las diferencias que sí importan al elegir uno son tres, y ninguna aparece en la portada. La primera es cuántos de los cien planes se pueden hacer donde viven ustedes: muchos formatos vienen traducidos de otro país y proponen cosas que aquí no existen o que exigen coche, presupuesto y fin de semana libre. Antes de comprarlo, cuenta cuántos podrían hacer un martes.

La segunda es si el formato obliga o propone. El de raspar obliga: lo que salió, salió. El de casillas propone. Una pareja que discute cada vez agradece que le obliguen; una pareja con horarios imposibles necesita poder elegir el plan de veinte minutos.

La tercera es si deja registro. Un libro sin espacio para anotar la fecha se convierte en un inventario de pendientes, que es el mismo problema de la nota del celular pero más caro. El registro es lo que a los seis meses hace que la pareja lo siga abriendo.

Sobre el nombre: "cien cosas por hacer juntos", "cien citas", "álbum de aventuras" y "libro de planes" se usan como sinónimos en las tiendas y describen el mismo objeto. Lo que cambia entre uno y otro no es la categoría sino el formato de la tabla de arriba.

¿Conviene un libro de cien planes o basta con hacer la lista ustedes?

La lista propia gana en una cosa importante: son sus planes, con sus lugares y sus referencias, y eso no lo tiene ningún producto. Si ya tienen la costumbre de proponerse cosas, no necesitan comprar nada.

El formato armado gana en otra, y es la que suele faltar. Una lista escrita a mano vive en una nota del celular, no la ve nadie y la administra siempre la misma persona. Ahí está el punto de falla real: no es que se acaben las ideas, es que alguien tiene que acordarse de sacarlas.

Lista propiaFormato armado
Qué cuestaNadaSe compra una vez
Qué tan personal esTotalGenérico, se personaliza al usarlo
Quién sostiene el hábitoQuien la escribióEl objeto, que está a la vista
Qué pasa a los tres mesesSuele quedar sin abrirSigue en la mesa, se sigue viendo
Deja registroSólo si alguien lo anotaSí, viene con el espacio

La combinación que funciona mejor no es elegir una: es usar el formato armado para el ritmo semanal y agregarle a mano los planes propios que ninguna lista genérica podía saber. Las opciones están en libros y álbumes.

¿Cómo hacer que la lista sirva de verdad?

Una lista sola no cambia nada. Lo que la vuelve útil es sacarle la decisión de encima.

  • Elijan al azar. Numerar y sortear evita la discusión de "¿qué quieres hacer?", que es donde mueren la mayoría de los planes.
  • Agenden uno por semana, del tramo más corto, como una noche de cita fija. Los de una hora sostienen el hábito; los de fin de semana son la excepción, no la regla.
  • Anoten cuál hicieron y cuándo. A los seis meses, ese registro vale más que la lista.

Si les funciona el mecanismo pero no quieren administrar la lista a mano, esa es exactamente la función de un libro de citas: la actividad ya viene decidida y queda registro de lo que hicieron. Las opciones están en álbumes para parejas, y el formato con las cien citas ya escritas es 100 Aventuras en Pareja.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un libro de actividades en pareja y en qué se diferencia de una agenda?

Un libro de actividades en pareja trae las actividades ya escritas; una agenda trae los días vacíos y espera que se te ocurra qué poner en ellos. Esa es toda la diferencia y explica por qué uno se usa y la otra no: el trabajo que hace el formato no es recordarte que hay que hacer algo, es decidir qué. Se vende también como libro de cien cosas por hacer juntos, álbum de aventuras o libro de citas, y por dentro es lo mismo: una lista cerrada de planes redactados y un espacio para marcar los que ya hicieron.

¿Qué actividades en pareja se pueden hacer en casa entre semana?

Las de menos de una hora, que son las únicas que sobreviven a un miércoles con trabajo al día siguiente: cocinar algo que ninguno sabe hacer, poner cinco canciones cada uno y explicar por qué, ver fotos de hace tres años, responder preguntas por turnos, cenar sin teléfonos a la vista. La regla para entre semana es que el plan no exija salir, comprar ni coordinar con nadie más: en cuanto aparece cualquiera de esas tres cosas, el plan se pospone al fin de semana y ahí se pierde.

¿Qué planes funcionan cuando cada uno todavía vive con su familia?

Los que no dependen de tener un espacio propio, que en esa etapa es el verdadero cuello de botella. Funcionan bien los planes de calle sin costo —caminar un barrio nuevo, un parque temprano, un mercado—, los que se hacen en casa de uno con la familia presente pero en otro cuarto, y los que se pueden partir en dos: preparar algo cada uno por su lado y compararlo después. Lo que no funciona es intentar replicar los planes de una pareja que vive junta y frustrarse porque no caben.

¿Qué hacer en pareja cuando no hay presupuesto?

Los planes de menos de una hora en casa son los que más sostienen una relación, y casi ninguno cuesta dinero: cocinar algo nuevo, ver fotos viejas, cenar sin pantallas, enseñarle al otro algo que sabes hacer. El obstáculo real suele ser la decisión, no el gasto.

¿Qué hacer en pareja en casa cuando no van a salir?

Los veinte planes de menos de una hora son los que aplican: cocinar algo que ninguno sabe hacer, poner cinco canciones cada uno y explicarlas, ver fotos de hace tres años, responder preguntas por turnos. No requieren organizar nada, que es lo único que importa un miércoles a las nueve.

¿Qué es un libro de cien cosas por hacer juntos?

Es un formato impreso con cien planes de pareja ya redactados, uno por espacio, más un lugar para dejar constancia de cuáles ya hicieron. No es un libro de lectura: su función es que la lista la administre el objeto y no una de las dos personas, que es donde fallan las listas escritas en el celular. Se vende también como álbum de aventuras, libro de cien citas o libro de planes, y describe lo mismo.

¿Qué diferencia hay entre un libro de raspar y uno de sobres sellados?

El de raspar obliga y el de sobres deja elegir el momento. En el de capa para raspar el plan aparece al rasparlo y hay que hacer el que salió, así que resuelve la discusión de qué hacer; en el de sobres sellados el plan sigue siendo sorpresa pero se puede guardar para el día que sí les quede bien. Hay además formatos de lista con casillas, que dejan ver los cien planes y elegir según la energía del día, y álbumes con espacio para pegar una foto de cada plan cumplido.

¿Cómo elegir un plan sin discutir cada vez?

Sacando la decisión de la conversación. Numerar los planes y sortearlos, o usar un formato que proponga la actividad al azar, evita la pregunta "¿qué quieres hacer?", que es donde se apaga la mayoría de los planes.

¿Qué hacer cuando tu pareja siempre dice "lo que tú quieras"?

Casi nunca es indiferencia: es que decidir cuesta. Propón dos opciones concretas en vez de abrir el menú, deja que elija el que menos ganas tiene, o sorteen el plan. Insistir con "pero tú qué quieres" agrega presión a la misma decisión que ya estaba pesando.

¿Conviene comprar un libro de cien planes o hacer la lista uno mismo?

La lista propia gana en que son sus planes y sus lugares. El formato armado gana en constancia: una lista en una nota del celular no la ve nadie y la administra siempre la misma persona. Lo que mejor funciona es usar el formato para el ritmo semanal y agregarle los planes propios a mano.

¿Con qué frecuencia conviene hacer un plan en pareja?

Un plan corto por semana y uno grande al mes es sostenible para la mayoría. Intentar una salida grande cada fin de semana suele durar tres semanas; lo que sostiene la costumbre son los planes de menos de una hora.

¿Qué hacer en pareja con hijos pequeños?

Priorizar lo que no requiere organizar nada: los veinte planes en casa de menos de una hora. En esa etapa el obstáculo no son las ganas sino la logística, y cualquier plan que exija conseguir quién cuide a los niños tiende a posponerse.

¿Sirve anotar los planes que ya hicieron?

Sí, y es lo que más se subestima. Anotar la fecha y una línea convierte la lista en un registro; a los seis meses ese registro es más valioso que las ideas pendientes, y es lo que motiva a seguir.

¿Cómo hacer planes en pareja cuando el dinero depende de la quincena?

Reparte los planes según el calendario de pago en vez de según las ganas, y el problema desaparece casi solo. Lo que funciona es reservar el plan que cuesta para los primeros días después de la quincena —cuando además hay ánimo de salir— y tener listos cuatro o cinco planes de cero peso para la semana previa, que es cuando la mayoría de las parejas simplemente no hace nada. El error común es al revés: gastar el gusto el primer fin de semana y pasar las tres semanas siguientes sin plan, lo que hace sentir que no hay tiempo cuando en realidad no había dinero.

¿Cómo hacer planes si sus horarios y traslados no coinciden?

Deja de buscar un bloque libre compartido y busca los bordes del día. Cuando uno sale a las siete y el otro llega a las nueve, el fin de semana se va en pendientes y el plan nunca aparece. Tres cosas resuelven más que cualquier lista: fijar un horario repetido, aunque sea raro, porque lo que se repite no hay que negociar cada vez; usar el trayecto como plan, con una llamada diaria a la misma hora en vez de mensajes sueltos; y elegir planes de veinte minutos, que caben antes de dormir y no dependen de que los dos lleguen descansados.

¿Qué se puede hacer en pareja un martes en la noche, fuera de casa?

Lo que quede a menos de veinte minutos de donde los agarra la hora, no de su casa. Cenar en el rumbo de uno de los dos, caminar una colonia distinta sin destino, salir sólo por el postre, una función de las nueve o sentarse en una plaza con algo de la calle. La franja de entre semana no aguanta traslados largos: en cuanto el plan queda a cuarenta minutos, se cae.

¿Cómo evitar que el traslado se coma el plan de entre semana?

Eligiendo el lugar desde donde ya están y no desde el punto medio entre los dos, y acordando la hora de regreso antes de salir. Sin esa hora acordada, uno de los dos se pasa la noche calculando cuándo hay que irse, y esa cuenta mental arruina el plan más que el tráfico.

Equipo Editorial 100 Aventuras

Redacción

Equipo editorial de 100 Aventuras. Escribimos sobre vida en pareja, familia y regalos que generan una experiencia en vez de un objeto.

Seguir leyendo

Pareja cargando una mochila en la cajuela de un coche compacto en una calle con jacarandas, temprano por la mañana, uno de los dos sosteniendo dos cafés
Planes y panoramas

Aventuras en pareja: cómo salir de la rutina sin pedir vacaciones

Una aventura no depende del presupuesto ni de la distancia: depende de que ninguno de los dos sepa exactamente cómo va a salir. Ese pequeño margen de incertidumbre es lo que hace que un sábado se recuerde, y cabe perfecto en una tarde a treinta minutos de casa.

Equipo Editorial 100 Aventuras22 de agosto de 20266 min de lectura
Pareja en la azotea de una casa en la Ciudad de México al atardecer, una persona con los ojos vendados sostenida del brazo por la otra frente a una mesa preparada
Planes y panoramas

Venda para los ojos: cómo elegir una que de verdad tape

Una venda que deja ver hacia abajo arruina la sorpresa antes de llegar, y casi todas dejan ver hacia abajo. El punto por donde se escapa la luz siempre es el mismo: el puente de la nariz, y hay una prueba de treinta segundos para detectarlo.

Equipo Editorial 100 Aventuras8 de agosto de 20266 min de lectura