Juegos de cartas para parejas: cuál elegir según lo que les está pasando
Los juegos de cartas para parejas se dividen en tres familias: los que hacen hablar, los que hacen jugar y los que hacen recordar. Elegir el equivocado es la razón más común de que la caja se abra una vez y no vuelva a la mesa.

"Cartas para parejas" agrupa productos que no se parecen entre sí. Unos abren conversaciones que llevaban años sin aparecer; otros son un juego ligero para un viernes; otros son un archivo de recuerdos disfrazado de mazo. Comprar el equivocado no arruina nada, pero desperdicia el momento en que la pareja estaba dispuesta a probar algo distinto.
¿Cuáles son las tres familias de cartas para parejas?
Cartas de preguntas. El mazo propone una pregunta y se responde por turnos. El objetivo es la conversación, no ganar. Sirven cuando la pareja habla mucho de logística —gastos, horarios, escuela— y poco de todo lo demás. Es el formato conocido como conversation cards.
Cartas de retos o actividades. Cada carta propone algo que hacer, en el momento o durante la semana. Sirven cuando la conversación está bien pero el repertorio de planes se agotó.
Cartas de recuerdo. Piden recordar, comparar versiones de una misma historia o registrar algo. Sirven en relaciones largas y en aniversarios, y dejan un objeto que se conserva.
La mayoría de quienes buscan "cartas de conexión" necesitan la primera familia y compran la segunda, porque las de retos se ven más divertidas en la foto.
¿Estas cartas o una baraja normal?
Conviene aclararlo temprano, porque "juegos de cartas para parejas" significa dos cosas distintas y quien busca una casi nunca quiere la otra.
Una baraja común —inglesa o española— sirve para jugar de a dos: conquián, casino, cuarenta, gin rummy. Ahí hay reglas, turnos y alguien que gana. Es un buen plan para una noche de lluvia y no cuesta nada si ya tienes la baraja en casa. Lo que no hace es producir información nueva sobre la otra persona: al terminar la partida saben quién ganó y nada más.
Los mazos para parejas de los que trata el resto de este artículo van al revés. No hay ganador y el rato entero está diseñado para que uno de los dos diga algo que el otro no sabía.
La forma rápida de decidir: si el problema es que la noche está aburrida, una baraja normal lo resuelve y no hace falta comprar nada. Si el problema es que llevan meses sin enterarse de nada nuevo del otro, la baraja no lo va a resolver por muchas partidas que jueguen.
¿Qué se puede jugar de a dos con una baraja normal?
Si viniste buscando esto y no un mazo de conversación, aquí está la respuesta corta. Casi todos los juegos de cartas se diseñaron para cuatro y se estropean con dos, pero hay seis que funcionan bien de a dos y se aprenden en una partida:
| Juego | Baraja | Cómo se gana | Por qué funciona con dos |
|---|---|---|---|
| Conquián | Española de 40 | Bajar todas las cartas en tríos y corridas | Es el rummy original y nació para dos jugadores |
| Chinchón | Española de 40 o 48 | Ligar combinaciones y cerrar con el menor puntaje | Rondas cortas, se juega al mejor de varias |
| Brisca | Española de 40 | Sumar más puntos en las bazas | La partida dura diez minutos y engancha |
| Gin rummy | Inglesa de 52 | Formar grupos y escaleras antes que el otro | Está pensado exactamente para dos |
| Casino | Inglesa de 52 | Capturar cartas de la mesa | Mezcla azar y cálculo, no gana siempre el mismo |
| Guerra | Inglesa de 52 | Quedarse con todo el mazo | Cero reglas que aprender, sirve para arrancar |
Dos cosas que cambian la noche más que el juego elegido. La primera: jueguen al mejor de tres partidas cortas en vez de una larga, porque una partida larga entre dos se decide a la mitad y la otra mitad se sufre. La segunda: pongan algo en juego que no sea dinero —quién lava los trastes, quién elige la película— y el juego más simple aguanta el doble.
Lo que ninguno de los seis hace es lo que sí hacen los mazos del resto del artículo: al terminar la partida saben quién ganó, y eso es todo lo que saben.
¿Cómo elegir según lo que les está pasando?
| Lo que pasa | Familia que sirve | Qué revisar antes |
|---|---|---|
| Sólo hablamos de la casa y los pendientes | Preguntas | Que haya niveles, no todo profundo de entrada |
| Nos conocemos poco todavía | Preguntas | Que las primeras cartas sean ligeras |
| Nos aburrimos, hacemos siempre lo mismo | Retos y actividades | Que haya retos de menos de 15 minutos |
| Estamos lejos | Preguntas | Que funcionen por videollamada |
| Queremos celebrar algo | Recuerdo | Que quede algo escrito |
| Venimos de una discusión | Preguntas, con cuidado | Que no fuercen temas conflictivos |
Esa última fila importa. Un mazo de preguntas duras usado el día equivocado no repara una discusión: la reabre. Después de un conflicto sirve más una carta ligera que una que exija vulnerabilidad inmediata.
¿Qué hace que un mazo de preguntas sea bueno?
Cuatro cosas, y ninguna tiene que ver con el diseño de la caja:
- Progresión. Los buenos mazos empiezan ligeros y suben. Si la primera carta pregunta por miedos profundos, la mayoría cierra el juego.
- Preguntas realmente abiertas. "¿Te gusta viajar?" se contesta con una palabra. "¿Cuál es el viaje que no hiciste y todavía te pesa?" abre veinte minutos.
- Que no asuman un solo tipo de pareja. Muchos mazos dan por hecho matrimonio, hijos o convivencia. Si la mitad de las cartas no aplica, el juego se siente ajeno.
- Que se pueda pasar. Un buen formato permite decir "esa no" sin que se vuelva un problema.
Lo que distingue una conversación buena de una incómoda casi nunca es la pregunta: es si ambos sintieron que podían no contestar.
¿Se pueden hacer las tarjetas de preguntas en casa en vez de comprarlas?
Sí, y si lo que quieren es probar si el formato les sirve, es la mejor manera de empezar: un mazo casero cuesta una tarde y no cuesta dinero. Lo único que se pierde es la progresión, que es justamente la parte difícil de escribir uno mismo.
El material cabe en un cajón: cartulina o fichas de papelería cortadas en rectángulos parejos, un plumón que no traspase y una liga o un sobre para guardarlas. Treinta tarjetas alcanzan de sobra para varios meses jugando de a tres por sesión.
Lo que decide si el mazo casero funciona no es el material, sino cómo se escriben las preguntas. Cuatro reglas:
- Escríbanlas en tres tandas, no de corrido. Diez ligeras, diez medianas y diez que pidan algo. Márcalas al reverso con un punto, dos o tres, y así reconstruyes la progresión sin tener que ordenar el mazo cada vez.
- Que ninguna se conteste con sí o no. Si la pregunta admite una palabra, agrégale el costo: en vez de "¿te gustaba ese trabajo?", "¿qué parte de ese trabajo extrañas y no le has dicho a nadie?".
- Prohíbete escribir preguntas dirigidas. La que ya trae adentro el reproche —"¿por qué nunca proponemos nada?"— no es una pregunta, es una discusión disfrazada, y quema el mazo en la primera partida.
- Escriban por separado y mezclen sin leer lo del otro. Si cada uno sabe cuáles escribió su pareja, se pierde la mitad de la gracia. Quince cada uno en el mismo montón es la diferencia entre un mazo y una lista de temas.
El mazo casero tiene dos ventajas que el comprado no puede tener. La primera es que se escribe para una ocasión concreta —un aniversario, el viaje de fin de año, la primera cena en la casa nueva— y eso lo vuelve irrepetible. La segunda es que se puede ir agregando: una tarjeta nueva cada tanto, escrita por cualquiera de los dos, mantiene el mazo vivo mucho más tiempo que uno cerrado.
Y una advertencia honesta, porque es el final más común: el mazo hecho a mano se abandona más rápido que el comprado, y no por la calidad de las preguntas. Un objeto que costó trabajo se guarda "para que no se maltrate", y ahí se queda. Si lo hacen, déjenlo a la vista desde el primer día y acepten que se va a ver usado.
¿Cómo se juega un mazo de cartas para parejas?
No traen reglas complicadas y esa es justamente la duda: sin marcador ni ganador, mucha gente abre la caja y no sabe qué hacer con ella. Estas seis reglas resuelven el noventa por ciento de las dudas y sirven para cualquier mazo de preguntas.
- Se reparte el turno, no las cartas. El mazo se deja boca abajo en el centro. Nadie tiene "su mano": la carta que sale es de los dos.
- Toma quien pregunta, responde quien escucha, y después se invierte. Uno saca la carta y la lee en voz alta; el otro contesta primero. Luego contesta quien preguntó. Ese orden importa: si sólo responde uno, se vuelve entrevista.
- Nada de comentar la respuesta antes de que termine. Se escucha completo, después se pregunta. La tentación de interrumpir con "a mí me pasó igual" es lo que convierte una respuesta larga en una conversación sobre otra persona.
- Cualquiera puede pasar, y se acuerda antes de empezar. La carta se devuelve al fondo del mazo sin explicación. Dejarlo dicho de entrada es lo que hace que casi nadie lo use.
- Tres o cuatro cartas por sesión y se guarda. Se corta cuando todavía quedan ganas, no cuando se agotó el tema.
- Las cartas que abrieron algo se separan. Un montoncito aparte con las que dieron una conversación larga; son las que se vuelven a sacar en un aniversario o cuando el año se puso raro.
Dos variantes valen la pena. La primera es jugar por adivinanza: antes de responder, cada uno escribe en un papel lo que cree que va a contestar el otro y después comparan. Convierte el mazo en un juego con resultado, y la sorpresa está en cuántas se fallan después de años juntos. La segunda es a distancia: por videollamada basta con que uno tenga el mazo, y funciona igual leyendo en voz alta.
¿Cuánto dura un mazo y qué se hace cuando ya salieron todas las cartas?
Es la objeción que casi nadie dice en voz alta antes de comprar: si son cien preguntas y responden tres por noche, en un mes se acaba. La cuenta parece correcta y está mal hecha, porque supone que una carta se usa una sola vez.
Jugando tres cartas por sesión y una sesión por semana, un mazo de cien cartas da para más de medio año sin repetir ninguna. Ese ya es un plazo largo para un objeto de mesa. Pero lo que decide cuánto dura de verdad no es el número de cartas: es que una pregunta buena no se agota cuando se responde. La misma carta contestada en marzo y en noviembre suele dar dos respuestas distintas, y notar la diferencia es más interesante que estrenar una pregunta nueva.
Cuando ya salieron todas, hay cuatro maneras de seguir usándolo, de la más simple a la que vale más la pena:
- Revolver y volver a empezar. A los seis meses nadie se acuerda de qué contestó, y el mazo funciona casi como nuevo.
- Sacar sólo el montoncito aparte. Las cartas que abrieron conversaciones largas se vuelven la selección permanente; son diez o quince y son las buenas.
- Jugarlo al revés. En vez de responder, cada uno contesta lo que cree que va a decir el otro y después comparan. Es un mazo distinto usando las mismas cartas, y es donde aparecen las sorpresas.
- Agregarle cartas propias. Tres o cuatro escritas a mano por cada uno, mezcladas con las compradas. El mazo deja de ser genérico y pasa a tener la mitad de su contenido escrito por ustedes.
- Cambiar quién está en la mesa. Muchas preguntas de pareja funcionan igual de bien en una cena con amigos o con la familia. El mazo no cambia; cambia lo que se entera uno.
Y una última que suena a poco y es la que más rinde: anotar la fecha al reverso de la carta que dio la mejor conversación. Al segundo año, ese puñado de cartas fechadas es lo más parecido a un registro de la relación que va a existir, y es la razón por la que estos mazos se guardan en vez de tirarse. Convertir eso en costumbre es exactamente lo que el glosario llama rituales de pareja.
¿Y si uno de los dos no quiere jugar?
Es el final más común de estos mazos y casi nunca se habla de él. Uno lo compra con ilusión, lo saca a la mesa, y el otro pone cara de trámite.
Lo primero es entender qué se está rechazando, porque rara vez es la conversación. Casi siempre es el formato: sacar una caja y anunciar que ahora van a hablar de sentimientos suena a terapia improvisada, y a nadie le gusta que lo convoquen a algo sin haber aceptado antes.
Cuatro maneras de que eso no pase:
- No lo anuncies como actividad. Deja el mazo sobre la mesa donde ya están sentados y saca una carta como quien comenta algo, no como quien abre una sesión.
- Empieza tú respondiendo. Si la primera respuesta larga y honesta la das tú, la otra persona no siente que la están examinando.
- Una carta y se guarda. Una sola, la primera vez. La resistencia casi siempre es al rato completo, no a la pregunta.
- Elige el momento en que esa persona ya está de buenas. Después de comer, no cuando llega del trabajo ni cuando falta algo por resolver en la casa.
Si aun así no funciona, el mazo no era el problema ni la solución. Un juego de preguntas abre una puerta que ya estaba entornada; no abre una cerrada con llave, y usarlo para forzarla suele empeorar las cosas.
¿Funcionan las cartas para parejas como regalo?
Funcionan, y mejor de lo que parece, pero tienen un riesgo que ningún otro regalo tiene: quien lo recibe no sabe si es una propuesta o un diagnóstico. Un mazo de preguntas entregado sin contexto se puede leer como "creo que tenemos que hablar", y esa lectura es la que lo manda al cajón sin abrir.
Tres cosas lo evitan, y las tres son de entrega, no de producto:
- Regálalo en un momento sin carga. Un cumpleaños, un aniversario o un intercambio funcionan. Después de una discusión, no: ahí deja de ser un regalo y se vuelve un argumento.
- Ábranlo esa misma noche. Un mazo que se estrena el día que llega ya demostró para qué sirve. El que se guarda "para cuando tengamos tiempo" no se abre nunca.
- Di para qué lo compraste. "Lo vi y pensé que nos íbamos a reír" desarma la sospecha mejor que cualquier explicación larga.
Cuando el regalo es para otra pareja y no para la tuya, el criterio cambia por completo: no sabes en qué momento están, así que el riesgo de acertar con un mazo profundo es alto y el castigo es un regalo incómodo abierto delante de gente.
| A quién le regalas | Qué mazo conviene | Por qué |
|---|---|---|
| Tu propia pareja, llevando años juntos | De conocimiento o de conexión | Es donde queda material sin descubrir |
| Tu propia pareja, relación reciente | De preguntas ligeras o de juego | Todavía no hay confianza para lo profundo |
| Una pareja amiga | El más ligero de todos | Se va a abrir delante de otros |
| Un intercambio o amigo secreto | Uno de juego, no de preguntas | No sabes a quién le va a tocar |
| Una pareja que se acaba de mudar o casar | De proyección o de conexión | Hay decisiones nuevas sobre la mesa y da tema |
La regla que ordena la tabla: mientras menos sepas del momento de esa pareja, más ligero el mazo. Lo profundo se elige sólo cuando conoces la relación desde adentro. El resto de las opciones para regalar en pareja está en regalos para parejas.
¿Cómo usarlas para que no queden guardadas?
El patrón de abandono siempre es el mismo: se estrenan una noche entera, se agotan veinte cartas de golpe y no vuelven a salir.
Funciona mejor al revés:
- Tres cartas, no treinta. Una sesión corta deja ganas; una larga agota el mazo y el interés al mismo tiempo.
- Un lugar y una hora que ya existan. Después de cenar, en la mesa donde ya están sentados. Crear un momento nuevo es una barrera más.
- Sin celulares sobre la mesa. No por disciplina: una buena pregunta necesita varios segundos de silencio y un teléfono siempre los llena.
- El que pregunta también responde. Si uno interroga y el otro contesta, deja de ser conversación.
¿Sirven en una relación a distancia?
Sí, y con frecuencia mejor que en persona. En una relación a distancia el problema no es la falta de planes sino que las llamadas se convierten en un reporte: qué comiste, cómo estuvo el trabajo. Una pregunta externa rompe ese guion sin que nadie tenga que proponer "hablemos de algo importante".
Basta con que uno de los dos tenga el mazo y lea en voz alta. Que el objeto esté de un solo lado no le quita nada.
¿Cartas o un juego de mesa para dos?
Son herramientas distintas. Un juego de mesa genera un rato compartido con reglas y objetivo; las cartas de preguntas generan información nueva sobre la otra persona.
Si buscan pasarla bien un viernes, el juego. Si notan que llevan meses sin saber nada nuevo del otro, las cartas. Se pueden tener las dos cosas, pero conviene saber cuál están comprando.
Las opciones de cartas para parejas y juegos para parejas están separadas por ese criterio; dentro de la primera familia, las Cartas de Parejas | Conexiones Profundas son el mazo de preguntas con progresión, y el resto de los formatos está en la colección de cartas. Y si lo estás eligiendo como regalo y no para ustedes, el criterio completo está en cómo elegir un regalo para parejas.
Preguntas frecuentes
¿Qué son las cartas de conexión y en qué se diferencian de las de preguntas?
"Cartas de conexión" es el nombre comercial que agrupa a los mazos cuyo objetivo es la conversación y no el juego, así que las de preguntas son un tipo de cartas de conexión, no algo distinto. Dentro de esa familia caben tres cosas: las que preguntan, las que proponen hacer algo y las que piden decir algo en voz alta. Si viste el término y no sabes cuál comprar, la pregunta útil no es de conexión o de preguntas, sino si quieres que el mazo produzca información nueva sobre la otra persona o que produzca una actividad.
¿Qué mazo sirve para conocer a tu pareja después de años juntos?
Uno que pregunte por períodos y por revisiones, no por gustos. Después de varios años los gustos ya están agotados y las preguntas de presentación no dan nada nuevo; lo que sí abre son las que apuntan a tramos que no viviste —la escuela, el primer trabajo, el año antes de conocerse— y las que revisan algo que la persona creía y ya no. Por eso un mazo pensado para primeras citas rinde poco en una relación larga, aunque las preguntas parezcan buenas.
¿Qué hace profundas a unas cartas de preguntas?
Que pidan un caso concreto y no una opinión. "¿Cuál es tu mayor miedo?" suena profunda y se contesta con una frase hecha; "¿cuándo fue la última vez que dijiste una verdad que te costó?" obliga a recordar algo que pasó. Las otras dos señales de un mazo profundo de verdad son que ninguna pregunta tenga respuesta socialmente correcta, y que se puedan responder a medias: una pregunta que sólo se contesta confesando algo no se contesta.
¿Qué juegos de cartas se pueden jugar de a dos?
Conquián, chinchón y brisca con baraja española; gin rummy, casino y guerra con baraja inglesa. Los seis están pensados o se adaptan bien a dos jugadores. Conviene jugar al mejor de tres partidas cortas: una partida larga entre dos se decide a la mitad y la otra mitad se sufre.
¿Cuál es la diferencia entre cartas de preguntas y cartas de retos?
Las de preguntas buscan generar información nueva sobre la otra persona; las de retos buscan generar una actividad. Quien siente que hace meses no sabe nada nuevo de su pareja necesita las primeras, aunque las segundas se vean más divertidas en la foto.
¿Sirve una baraja normal o hay que comprar un mazo especial?
Depende de qué quieren resolver. Una baraja común sirve para jugar de a dos con reglas y ganador, y es un buen plan para una noche sin plan. Lo que no hace es producir información nueva sobre la otra persona: al terminar la partida saben quién ganó y nada más. Si el problema es la falta de conversación, ninguna cantidad de partidas lo arregla.
¿Cuánto dura un mazo de cartas para parejas?
Jugando tres cartas por sesión y una sesión por semana, un mazo de cien cartas da para más de medio año sin repetir ninguna. Pero lo que decide cuánto dura no es el número de cartas: una pregunta buena no se agota al responderse, y la misma carta contestada con meses de diferencia suele dar dos respuestas distintas.
¿Qué se hace con el mazo cuando ya salieron todas las cartas?
Revolverlo y volver a empezar funciona mejor de lo que parece, porque a los seis meses nadie recuerda qué contestó. También sirve quedarse sólo con las diez o quince cartas que dieron conversaciones largas, jugarlo al revés adivinando lo que va a responder el otro, agregarle cartas escritas a mano o sacarlo en una cena con amigos, donde muchas preguntas de pareja funcionan igual.
¿Cuántas cartas conviene jugar por sesión?
Tres o cuatro. El error más común es estrenar el mazo agotando veinte cartas en una noche, con lo que se acaban el material y el interés al mismo tiempo. Sesiones cortas y repetidas sostienen el hábito mucho mejor.
¿Qué hago si mi pareja no quiere jugar?
Casi nunca se está rechazando la conversación, sino el formato: anunciar que ahora van a hablar de sentimientos suena a convocatoria. Funciona mejor dejar el mazo sobre la mesa donde ya están sentados, sacar una sola carta sin anunciar nada y responderla tú primero. Si aun así no ocurre, el mazo no era el problema ni la solución.
¿Cómo se juega un mazo de cartas para parejas si no trae reglas?
Se deja el mazo boca abajo en el centro y se reparte el turno, no las cartas. Uno lee en voz alta, el otro responde primero y después responde quien preguntó. Nadie interrumpe la respuesta, cualquiera puede pasar sin dar explicaciones y se corta a las tres o cuatro cartas, cuando todavía quedan ganas.
¿Qué mazo conviene si venimos de una discusión?
Uno de preguntas ligeras, y dejando dicho desde el inicio que cualquiera puede pasar. Un mazo que fuerza temas profundos el día equivocado reabre el conflicto en vez de cerrarlo. Después de una discusión el objetivo no es resolver nada: es volver a hablar de otra cosa.
¿Sirven las cartas para parejas en una relación a distancia?
Sí, y con frecuencia mejor que en persona. Rompen el guión de las llamadas diarias, que tienden a volverse un reporte de novedades. Basta con que uno de los dos tenga el mazo y lea en voz alta durante la videollamada.
¿Son un buen regalo o es mejor algo más neutral?
Funcionan bien como regalo cuando quien lo recibe ya mostró interés en hablar más, y mal cuando se entrega como indirecta. Un mazo regalado con el mensaje implícito de "necesitamos comunicarnos mejor" se recibe como reclamo, por bonito que sea el empaque.
¿Para qué etapa de la relación sirven mejor?
Para las dos puntas. Al principio porque falta información y todo es material nuevo; después de varios años porque la conversación se llenó de logística y ya nadie propone otro tema. En el medio, cuando la relación recién se acomoda, suelen usarse menos.
¿Cómo evitar que el mazo termine guardado en un cajón?
Sesiones de tres cartas en un momento que ya exista, como la sobremesa, y el mazo a la vista y no guardado. El abandono casi siempre empieza igual: una noche entera estrenando el mazo, veinte cartas de golpe y nunca más.
¿Qué mazo de cartas regalar si no conoces bien a la pareja?
El más ligero de los tres tipos: de juego o de preguntas livianas, nunca uno profundo. Cuando no sabes en qué momento está esa relación, un mazo que abre temas grandes se convierte en un regalo incómodo, y peor si se abre delante de gente. Lo profundo se elige sólo cuando conoces la relación desde adentro.
¿Cuándo no conviene regalar cartas de preguntas a tu pareja?
Después de una discusión o en medio de un tema pendiente. En ese momento deja de leerse como un regalo y se lee como un argumento: la otra persona entiende que le estás diciendo que hay que hablar. Conviene entregarlo en una fecha sin carga y abrirlo esa misma noche, que es lo que demuestra que era para pasarla bien.
Redacción
Equipo editorial de 100 Aventuras. Escribimos sobre vida en pareja, familia y regalos que generan una experiencia en vez de un objeto.
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